La Cueva de los Tayos (Parte 1)

4 05 2008

Las doce horas de viaje en el bus estrecho terminaron antes, al lado del Morona Santiago, un río crecido que arrastró el único puente para cruzar al otro lado. La única alternativa para superar la situación la improvisaron los dueños de una caseta mezcla de restaurante, tienda y alojamiento: un jeep levantado al que le quitaron una rueda para usar su base como polea, tiraba de una tarabita con capacidad para diez personas y algunas maletas. La canasta se elevaba unos diez metros sobre el caudal y tardaba como tres minutos en terminar su recorrido. Un servicio privado para un problema público.

Estábamos en el amazonas ecuatoriano, la región más grande de este país suramericano, rumbo a una cueva de la que muchos hablan, pero que pocos conocen: la Cueva de los Tayos, un sitio lleno de leyendas, mitología e historias increíbles. Dicen que por ella se puede cruzar el continente bajo tierra, que en alguno de sus rincones yace, tallada en láminas de oro, la historia de una civilización desaparecida y que por sus pasillos inmensos algún indígena malicioso pudo ver a hombres gigantes dejándoles como cebo un viejo billete de sucres, la desaparecida moneda ecuatoriana.

Llegamos por tierra al oriente de este país de ocho millones de habitantes porque en aquellos días los vuelos al aeropuerto de Macas estaban suspendidos por problemas en la torre de control.

La tarabita fue una incomodidad, sin embargo el viaje por tierra nos sorprendió. Somos colombianos y la guerra de más de 40 años en la que está sumergido ése país nos acostumbró a vivir prevenidos, pero en este lugar nos recordaron que, a pesar de todo, la vida puede ser tranquila. El ingreso al amazonas tiene un retén militar de los tantos que hay en los países suramericanos. De los mismos que en Colombia sirven para controlar el acceso de comida y de personas a las zonas apartadas. El bus fue detenido y nuestra primera reacción, fue tratar de pasar desapercibidos, algo imposible cuando uno lleva cámaras, mide más de 1.80 de estatura, es blanco y va en un bus lleno de indígenas andinos. Separados a un lado de los ocupantes, sólo ensayábamos con murmullos respuestas acordadas, improvisadas y repetidas en Colombia, pero no hubo espacio para ponerlas en práctica. Los militares no hicieron preguntas. Sólo expresaron una bienvenida con una frase dolorosa “señores colombianos, bienvenidos al amazonas. Aquí no están en su país, así que pueden caminar tranquilos por donde quieran”. No se si ahora, con los problemas fronterizos entre los dos países, la frase se repita, pero en el momento del viaje nada se hablaba de la presencia de la guerrilla colombiana en algunos sectores de la selva amazónica ecuatoriana.

Dos horas más adelante de la tarabita terminó el primer día de viaje. El segundo día comenzó con otras dos horas de recorrido en otro bus pequeño con pasajeros indígenas. Otra vez éramos los únicos dos blancos en el viaje. Un líder de la comunidad Shuar nos esperaba en el siguiente pueblo para darnos un permiso que permitiera nuestro ingreso a su territorio. Fueron cien dólares por una carta que nadie exigió.

Cuatro horas más adelante, a bordo de una camioneta contratada, llegamos a un pequeño caserío. Diez casas y una escuela. Era el final de la carretera. Una vía destapada por la que no parecen circular muchos carros. Al menos es la impresión que queda cuando uno ve correr y esconderse tras los árboles a los pocos habitantes que aparecen para curiosear el ruido del motor.

Aquel día terminó con un aguacero que nos impidió salir del salón de clases donde nos alojaron. No había energía suficiente para recargar las baterías de la cámara de vídeo, así que tuvimos que seguir como estábamos. El problema es que el cambio de clima y el tiempo sin usar hacen desaparecer la carga y ya completábamos dos días de viaje y no sabíamos cuántos faltaban. Aunque las medidas de tiempo son universales, el cálculo en los desplazamientos es distinto en todas partes, como lo volveríamos a comprobar al día siguiente.

En la próxima entrada les contaré cómo fue el recorrido por la selva ecuatorinana hasta llegar a este lugar, la Cueva de los Tayos


Acciones

Información

Deja un comentario